El tren del Centenario

UN PASEO EN EL TRENECITO de Sanry Marrufo



El día de hoy, como en días de mi niñez visitando el zoológico, el trenecito del parque “El Centenario” seguramente ha iniciado su recorrido una vez más. Con la preciosa carga en su interior, las familias emocionadas y sus risas, trabaja puntual.

 Se dice que los vagones están construidos de herrería, con bancas de madera y rotulados con figuritas de animales. Yo digo que el trenecito se hizo de alegrías, de los gritos bajo el túnel, y las manos que se extienden señalando a los animales que visita a su paso.

También se dice que consta de un motor de seis cilindros, con 292 caballos de fuerza, y que su recorrido al interior del parque es de mil doscientos cincuenta metros. Yo digo que la fuerza que le mueve es la del amor por la gente, por las personas pequeñitas que van de la mano de un adulto, por los adultos que llevan a su niño interno de paseo, y por la tercera edad que, de martes a domingo, le motivan.

Le hemos visto transitar por las vías, o esperar en la estación central, desde el 7 de mayo de 1955, día en que nació para los visitantes. Por su andén se han escuchado miles de pasos: algunos apresurados, otros pausados esperando el turno de subir para iniciar el recorrido,para saludar de nuevo a los leones o a los venados, cruzar el puente y perderse en las obscuridad del túnel.

El trenecito ha visto el nacimiento de nuevos huéspedes y el ocaso de otros, ha recibido los rayos del sol y las gotas de la lluvia, ha sentido el olor de la tierra mojada y sonreído ante la luna. Ha resistido al paso de los huracanes y disfrutado de la calma en una tarde despejada.

Yo espero que siga tan fuerte, como ahora, para que me permita seguir  acompañando su andar en el zoológico; él sabe de mi espera en el andén del parque Centenario para disfrutar de un buen paseo en su interior.

 

 

 

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