Entre líneas
Entre líneas de Sanry Marrufo
—¿Quién eres? —le
preguntó al espejo con asombro porque no pudo reconocer como propia la imagen
reflejada en él.
Tomó conciencia
de que esa figura tenía un modo peculiar de equivocarse, de leer entre líneas
aquello que puede ser invisible para los demás y, en demasiadas ocasiones, para
sí misma. Como una estampa atenta a la palabra acusatoria de los visibles,
ha pasado la vida evitando la vanidad, conduciéndose como un retrato libre de
todo estereotipo que recargue su figura; ponderando la sencillez de su ser
intelectual, de su espíritu. O lo que es lo mismo, libre del estereotipo
dominante y adentro del otro, de aquellos que se han libertado.
Al reflejo le
ha nutrido pensar que es una persona real, sin distinguirse de los demás
conscientemente, que ha cultivado su intelecto y fortalecido sus capacidades.
Sin embargo, ha desatendiendo algunas de sus limitaciones. Una persona hedónica
si consideramos que sólo se mira a sí misma desde aquello que desea ver, si por
lo menos no siguiera la voz que le han implantado en sus células, aquella que
desdeña lo barroco y sublima lo austero, tal vez no se habría divorciado de su
silueta, de su apariencia frágil como alas de mariposa, pero, «¿qué fortaleza
requiere la mariposa monarca para volar cuatro mil kilómetros desde Canadá
hasta México?»,
—pensó.
Como si de una
burla se tratara, aquella superficie pulida reflejaba la luz siguiendo las
leyes de la física, produciendo una imagen virtual de su yo invisible y se lo
aventaba como una verdad alterna. Los espejos en realidad son cristales
revestidos, en una de sus caras, con una capa de aluminio, cobre, bronce o
plata (los más sofisticados) que desde siempre han ocupado un lugar importante
en la mitología de muchos pueblos. Desde la imaginación popular, la estampa que
en el vidrio se refleja se identifica con el alma o espíritu de la
persona.
«¿Es invisible
la persona que me mira desde el espejo cuando no me doy cuenta de que está
ahí?, o lo invisible soy yo para ella. ¿Será, tal vez, la incertidumbre un
devaneo de la escisión?» Como ha sido
su costumbre, la imagen del espejo no le respondió.
*Agradecimiento
para Alejandro Valderrama por sus ideas.
Publicado en la Revista Letrina, número
6. (2018) 
Comentarios
Publicar un comentario