Gea
Sanry Marrufo
La
furia desatada llega como un huracán que arranca todo a su paso, sólo entonces
la consciencia del abuso se hace presente; no es una mala madre pero se ha
cansado de esperar una mejor respuesta. De su vientre brotan las semillas que
amamantan a todos, al más pequeño y al más complejo de sus hijos, ¡pide tan
poco a cambio! tan sólo respeto y un poco de amor.
Se
olvida de sí misma construyendo el hogar en el que no falta nada. Podría
decirse que su origen caótico le orilla a la búsqueda del equilibrio y, cuando
la presión es demasiada, como una respuesta a la crisis, ella protesta: se sacude derrumbando todo. O grita con toda la
fuerza de sus pulmones para reacomodar nuevamente.
—Perdóname
madre porque no lo noté antes; te miro agotada, sangrando y con dolor. Siento el
latido acelerado de tu corazón por el esfuerzo que implica sobrevivir a la
masacre de mi egoísmo, me duelen tus pulmones contaminados que arrancan accesos
de tos, siento la piel erosionada que te cubre. Te he visto herida, calcinada,
entumecida por la polución y, sin embargo, levantándote orgullosa para empezar
de nuevo y ¡no sé si estoy a tiempo de revertir el daño que te causo!
Ella
enfrenta valientemente al peor virus que la enferma, e intenta evitar la
propagación de su poder destructivo hacia sus otros hijos.
—Permíteme
continuar bajo tu seno, carezco de consciencia total pero una parte mi está
despertando
Tal
vez su amor no sea suficiente para evitar las consecuencias del maltrato del
que ha sido objeto, probablemente su instinto protector no alcance para evitar
la autodestrucción de su hijo más violento, después de todo, parte de su labor
maternal se relaciona con el caos y las contingencias que surjan de éste.
Agonizante
y devastada, usa todos sus recursos para disciplinar, busca la coherencia que
revierta, porque ella ha estado presente en cada momento importante, o
complicado, y no desea el apremiante fin doloroso de su pequeño Homo
sapiens

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